Mar 14, 2012 - General    4 comentarios

Apariencias

No des nada por sentado. Nada por sabido. Jamás sumes dos más dos cuando se trate de seres humanos porque en lugar de cuatro te puede dar ocho, o cero, ¿quién sabe? No calcules que el hijo de un mártir debe ser un ejemplo de rectitud y el de un tirano, por fuerza, un esbirro. No descartes que, en lugar de cazar ratones, el fruto del amor entre dos gatos resulte vegetariano.

Conocí hace poco a una persona que me obligó a rectificar. Que me desmontó, tramo a tramo, ideas preconcebidas y acuñadas en mi cabeza. Entré a la oficina de un individuo que, por su apellido, ya tenía “bajo sospecha”.

Para rematar, lo primero que vi fue la foto de un político, ya fallecido, por quien nunca sentí la menor simpatía. “Si a estas alturas anda rindiendo tributo a ese hombre, con un pasado tan nefasto, no quiero imaginar qué se traerá entre manos”, me dije. Me senté frente a su escritorio convencida de que saldría de allí decepcionada. Que no encontraría ni remotamente lo que esperaba y que aquella hora, robada a mis hijos, a las obligaciones antes de correr de nuevo hacia el trabajo, no valdría la pena. Todo por una foto, pienso ahora.

¡Ah, velocidad del pensamiento! ¿Quién ha dicho que lo que corre más rápido es la luz? Lo que más rápido corre es el prejuicio. La celeridad con que juzgamos a los otros, ajustamos nuestra percepción a un molde en el que debería encajar la persona. Me ha pasado.

Cuando era una veinteañera, recién graduada, tuve el privilegio de que el jurado que examinó mi tesis recomendara que me ficharan como profesora de la universidad. Así que cuando entraba a clases, con mis jeans, algunos alumnos llegaron a preguntarme si sabía quién era la profesora. Uno de ellos, cuando le respondí que era yo, siguió tuteándome y contestó a una pregunta mía con un “sí, mi amor”.

En lugar de reprenderlo, decidí demostrarle que estaba equivocado y ese día di la clase como si de ello dependiera que me quitaran el título. Cuando se terminó la docencia, aquel estudiante se acercó para pedirme excusas, me llamó profesora y dejó de tutearme.

Admitió que mi apariencia lo había hecho “dudar” de mi capacidad. No lo culpé. Los prejuicios son nuestra brújula: si eres mujer, no debes saber de beisbol; si eres hombre, no te interesa el cuidado de la piel; si perteneces a la izquierda, tu pensamiento es avanzado y, si eres de derecha, seguro también piensas como un clasista, racista y monetizado.

Pero hay personas que hacen trizas los prejuicios solo con la sonrisa que te brindan al saludarte. Que te obligan a golpearte el pecho, de arrepentimiento, cuando entiendes que el dinero no es su meta, aunque lo parezca. Gente mágica, digo yo. Que aparecen de vez en cuando, justo cuando las necesitas para recobrar la confianza en los seres humanos y retomar la lección que señala: nada es lo que parece y el 50 por ciento de apariencia que supuestamente conforma la mitad de la realidad, como una oficina con la foto equivocada, puede ser una mentira.

4 comentarios

  • Como expresas claramente estamos llenos de prejuicios.¿Cómo podemos mantener nuestro corazón limpio? Teniendo misericordia contigo mismo y con los demás. ¿Qué significa tener misericordia? Detenerte y colocarte en el lugar del otro ante cualquier situación y preguntarte: ¿Qué habría hecho Jesús?¿Cuál seria su respuesta? (Utilizo a Jesús como parámetro de Ser perfecto) y allí encontrarás la respuesta. Nuestro accionar diario debe estar lleno de buenas acciones, buenos pensamientos, hechos cargados de rectitud y nobleza es muy difícil en estos días mantener un corazón limpio. Como dice la palabra somos templo de Cristo por eso, tu corazón debe ser la casa de Dios. Al llenar nuestras vidas de buenas acciones, reflejaremos lo que abunda en nuestro corazón y eso debe ser Amor.

  • Es increible la manera tan hermosa con la que describe las reacciones de los seres humanos y cuánto nos equivocamos por los prejuicios preconcebidos
    Siempre estaré orgullosa de tener amigas como tu

  • Alicia,

    Comence a leer tu columna en la universidad hace unos anos y aunque ya no resido en el pais, cada vez que tengo un tiempesito de ocio en mi casa entro al Listin Diario a leer tu columna. Admito que muchas veces busco leer tus articulos solo buscando un poco de conexion con la humanidad, cuando la realidad diaria se hace insoportable. Amo la manera como transmites tanto optimismo y fe con lo que escribes. Espero seguir leyendote por un largo rato.
    Afectos,

    Ps: Encima tienes el nombre de dos mujeres de mi vida que amo mucho, y la opcion numero 1, si Dios me premia con una hija….

    Carol I. Brito

  • Me encanto este articulo. Cada uno de nosotros, en algun momento determinado, hemos tratado a alguien en base a su apariencia, a lo que creemos. somos tan “visionarios” (por no decir estupidos) que creemos saber que esta pensando la otra persona. Y de buena tinta te digo que las apariencias engañan. Ojala y aprendamos a amar mas alla de la apariencia, mas alla de lo que vemos a simple vista, a amar cada pensamiento, cada sentimiento, cada aptitud. Que al modelo del maestro, escojamos pescadores en vez de intelectuales. Siempre me ha gustado el pasaje biblico de la eleccion de David como Rey de Israel, tambien Samuel (El Profeta) tuvo sus prejuicios al ver el porte de uno de los hermanos del futuro rey. Y me fascina la respuesta del señor a Samuel: Ustedes se fijan en las apariencias, pero yo me fijo en el corazon. Ojala y podamos fijarnos en el corazon del hombre y no en su apariencia. Que Dios los bendiga!!!

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